La inestabilidad psicomotriz se viene reseñando desde 1897, en que D. M. Bourneville, hace referencia a unos niños que presentan un retraso ligero y que describe como una inestabilidad motivada por una movilidad de tipo intelectual.
A
lo largo de los años se han postulado diversos tipos de expli-caciones al
respecto, pasando desde aspectos hereditarios, factores orgánicos
traumatizantes, situaciones psicológicas adversas, etc.
Otros
autores niegan la existencia de este síndrome, por causas del polimorfismo, y
aún otros, han hecho una diferenciación entre las inestabilidades motrices
básicas y las fundamentalmente psíquicas.
J.
Abramson demuestra que el niño inestable psicomotriz se comporta de una manera
intuitiva y confusa, no se sirve de los encadenamientos de la lógica ni de
las confrontaciones. Considera que la memoria inmediata de los datos concretos
es, por lo general, bastante buena en estos niños. Sin embargo, parece que no
son capaces de ordenar unos hechos en el tiempo. El inestable psicomotriz está
–para este autor- acorralado por todos los estímulos exteriores y es incapaz de
inhibirse de sus necesidades de dispersión. También su atención es lábil; se
fija, ya en el detalle, ya en el conjunto, pero sin hacer un análisis del
mismo, pues la actividad ordenada le cansa.
Siguiendo
a este mismo autor, el niño inestable es opuesto a todo aquello que es estable
y organizado, es sugestionable e influenciable. Su humor oscila entre una
alegría algo tirante y una depresión por aburrimiento.
En
la actualidad, numerosos estudiosos manifiestan que es inútil discutir sobre
la base que origina esta inestabilidad, A.M.J. Chorus, advierte que tanto el
aspecto motor como el psíquico son las dos caras de una misma moneda. Este
autor señala, concisamente, que “Los aspectos demuestran, de forma clara, que
la inestabilidad no es sólo una cuestión de
inestabilidad, sino también de carácter, en definitiva, es un problema
de falta de duración o de continuidad de la conducta global”.
Estos
niños son llevados a consulta debido a su retraso escolar y, en cambio, tienen
un nivel mental normal. No obstante, son incapaces de estarse quietos, lo
tocan todo, muestran terquedad sin agresividad y su rendimiento es inconstante.
J. de Ajuriaguerra hace dos distingos diferenciados de estas actitudes:
-Una
forma de trastornos motores prevalecientes, en que los tras-tornos de la
personalidad parecerían menos importantes.
-Y otra forma caracterial con retraso afectivo y con
modificación de la motricidad expresiva.
Según
el gran psiquiatra infantil, siempre defendieron la existencia de estas dos
formas extremas, pero admitiendo, asimismo, la existencia de formas intermedias. Así, se considera que la
inestabilidad sub-coreica es una forma de motricidad,
de aparición precoz, que responde a una ausencia de inhibición de una
hiperactividad que, generalmente,
desaparece con el tiempo. No así la
inestabilidad de tipo afectivo-caracterial, que se retroalimenta del
ámbito familiar, escolar, o social en que se
desenvuelve el niño.
Es
en estos casos en que el individuo da muestras de una inten-cionalidad y de
agresividad e impulsividad.
En
este aspecto, encontramos unos trastornos de la organización de la
personalidad, que apareció ya a una edad precoz.
Los individuos aquejados de ello, no suelen llegar a establecer unas relaciones
socio-familiares aceptables. Buscan continuamente unas satisfacciones que nunca
llegan a lograr, ya sea por exceso o por defecto de sus pulsiones.
La
labilidad de estos individuos es simultáneamente sensorial y motriz y su
capacidad de atracción se diluye.
Por otra parte, los trastornos perceptivos del lenguaje y, en especial de la lectura, los trastornos emocionales y del carácter pueden encon-trarse en las dos formas. De hecho, la inestabilidad puede
alterar los modos de organización conjunta
y que sólo será posible reconducir a partir de una cierta recuperación de su
estabilidad logrando dar a sus funciones un sentido coherente, así como de una
cierta continuidad en el desarrollo de su organización.
En
nuestro próximo encuentro expondremos, en un segundo bloque, los problemas que
aquejan aquellos infantes los cuales adolecen de un síndrome hipercinético,
esto es los niños hiperactivos, y que están hoy en día de actualidad.
F. Xavier Serracant
Revista Trazos 39
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