jueves, 25 de mayo de 2017

Espacio Infantil



La inestabilidad psicomotriz se viene reseñando desde 1897, en que D. M. Bourneville, hace referencia a unos niños que presentan un retraso ligero y que describe como una inestabilidad motivada por una movilidad de tipo intelectual.

A lo largo de los años se han postulado diversos tipos de expli-caciones al respecto, pasando desde aspectos hereditarios, factores orgánicos traumatizantes, situaciones psicológicas adversas, etc.

Otros autores niegan la existencia de este síndrome, por causas del polimorfismo, y aún otros, han hecho una diferenciación entre las inestabilidades motrices básicas y las fundamentalmente psíquicas.

J. Abramson demuestra que el niño inestable psicomotriz se comporta de una manera intuitiva y confusa, no se sirve de los encadenamientos de la lógica ni de las confrontaciones. Considera que la memoria inmediata de los datos concretos es, por lo general, bastante buena en estos niños. Sin embargo, parece que no son capaces de ordenar unos hechos en el tiempo. El inestable psicomotriz está –para este autor- acorralado por todos los estímulos exteriores y es incapaz de inhibirse de sus necesidades de dispersión. También su atención es lábil; se fija, ya en el detalle, ya en el conjunto, pero sin hacer un análisis del mismo, pues la actividad ordenada le cansa.

Siguiendo a este mismo autor, el niño inestable es opuesto a todo aquello que es estable y organizado, es sugestionable e influenciable. Su humor oscila entre una alegría algo tirante y una depresión por aburrimiento.

En la actualidad, numerosos estudiosos manifiestan que es inútil discutir sobre la base que origina esta inestabilidad, A.M.J. Chorus, advierte que tanto el aspecto motor como el psíquico son las dos caras de una misma moneda. Este autor señala, concisamente, que “Los aspectos demuestran, de forma clara, que la inestabilidad no es sólo una cuestión de inestabilidad, sino también de carácter, en definitiva, es un problema de falta de duración o de continuidad de la conducta global”.

Estos niños son llevados a consulta debido a su retraso escolar y, en cambio, tienen un nivel mental normal. No obstante, son incapaces de estarse quietos, lo tocan todo, muestran terquedad sin agresividad y su rendimiento es inconstante.

J. de Ajuriaguerra hace dos distingos diferenciados de estas actitudes:

-Una forma de trastornos motores prevalecientes, en que los tras-tornos de la personalidad parecerían menos importantes.

-Y otra forma caracterial con retraso afectivo y con modificación de la motricidad expresiva.

Según el gran psiquiatra infantil, siempre defendieron la existencia de estas dos formas extremas, pero admitiendo, asimismo, la existencia de formas intermedias. Así, se considera que la inestabilidad sub-coreica es una forma de motricidad, de aparición precoz, que responde a una ausencia de inhibición de una hiperactividad que, generalmente, desaparece con el tiempo. No así la inestabilidad de tipo afectivo-caracterial, que se retroalimenta del ámbito familiar, escolar, o social en que se desenvuelve el niño.

Es en estos casos en que el individuo da muestras de una inten-cionalidad y de agresividad e impulsividad.

En este aspecto, encontramos unos trastornos de la organización de la personalidad, que apareció ya a una edad precoz.

Los individuos aquejados de ello, no suelen  llegar a establecer unas relaciones socio-familiares aceptables. Buscan continuamente unas satisfacciones que nunca llegan a lograr, ya sea por exceso o por defecto de sus pulsiones.

La labilidad de estos individuos es simultáneamente sensorial y motriz y su capacidad de atracción se diluye.

Por otra parte, los trastornos perceptivos del lenguaje y, en especial de la lectura, los trastornos emocionales y del carácter pueden encon-trarse en las dos formas. De hecho, la inestabilidad puede alterar los modos de organización conjunta y que sólo será posible reconducir a partir de una cierta recuperación de su estabilidad logrando dar a sus funciones un sentido coherente, así como de una cierta continuidad en el desarrollo de su organización.

En nuestro próximo encuentro expondremos, en un segundo bloque, los problemas que aquejan aquellos infantes los cuales adolecen de un síndrome hipercinético, esto es los niños hiperactivos, y que están hoy en día de actualidad.

                                   F. Xavier Serracant
Revista Trazos 39



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